Comienza el calor y los aire acondicionados se erigen como la mejor so-ktción a las altas tempera-taras. Sin embargó, se tra­ta de una solución que puede acarrear distintos problemas.

Un sistema de aire acon­dicionado que no manten­ga las condiciones mini­aos de higiene puede provocar infecciones res­piratorias e incluso algunas enfermedades debido a la difusión de virus y bacterias como la Legionella.

Además, puede ser responsable de contracturas mus-calares como la tortícolis o dolores lumbares. A pesar de que estos sistemas incorporan filtros que eliminan la mayor parte de las partículas extrañas, algunos microorganismos -debido a su ínfimo tamaño-logran atravesarlos e incorporarse al aire circundante.

Infecciones respiratorias por el aire acondicionado

Si además las condiciones de humedad y de tempera-tara son favorables y la limpieza de los conductos no se realiza demasiado a menudo, los microorganismos padecen desarrollarse y multiplicarse por el circuito y diseminarse por todas sus zonas de acción. Bajo esta situación el sistema difunde agentes contaminantes propagando intoxicaciones, alergias e infecciones bacterianas o virales como la gripe o las anginas. Si la circulación del aire del sistema es demasiado rá­pida o va dirigida directamente hacia el individuo, ha­cia una zona concreta de su cuerpo, como el cuello o la espalda, es probable que termine provocando mo­lestias musculares como tortícolis o dolor de riñones. También dolor de cabeza.

Los cambios bruscos de temperatura que provoca el pasar de una zona refrigera­da al sofocante calor externo, y viceversa, tampoco son beneficiosos para la salud y pueden ser cau­sa de enferme­dades respira­torias

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